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España

Palabras de poeta

Dijeron que No podían
esa era la palabra de los timoratos infundados
de los rufianes que los negaron una y otra vez
tras el arcoiris de sus avernos.

Un absurdo de soberbios
que defienden los baluartes de la libertad
donde se refugian los desarropados,
esos desubicados que eyaculan su miseria de extraños corazones
al mundo que los desconoce.

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Entre el cielo y el mar

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La novela histórica, un gran legado de la Grecia antigua

Por Antonio Penadés, historiador y autor de El hombre de Esparta (Edhasa)

  La literatura es un arte que no resulta fácil de definir, a diferencia de otras disciplinas como la pintura o la escultura. Una posible definición de obra literaria podría ser la de un texto escrito que contiene cierta carga estética –aunque no es preciso que esté plagado de figuras retóricas, ni mucho menos–, que está dirigido a un público amplio y no a un destinatario concreto –un informe pericial o un recurso judicial no son literatura, por muy bien redactados que estén– y cuyo principal objetivo es gustar y conmover al lector, por encima siempre de su posible función informativa o formativa. La literatura, en todo caso, se dirige más a los sentidos que a la razón. Como sucede siempre que se propone una definición, hay escritos que se situarían en una zona fronteriza –por ejemplo, algunos ensayos con un alto tono divulgativo– y que quedarían a merced de una discusión sobre si quedan o no englobadas en la permeable acepción de obra literaria.

  La grandeza de la buena literatura reside, ante todo, en su inmensa capacidad de evasión. Por efecto de un conjunto de palabras bien escogidas y ordenadas, un escritor con oficio es capaz de conseguir que el lector aparque su propia identidad y que durante unas horas su mente se traslade a ese mundo que él ha creado en su imaginación y que queda contenido y explicado en las páginas de ese libro. Si el argumento es realmente interesante, si los personajes son atractivos y si el aspecto formal es correcto, el autor de una novela –o de cualquier otro género de ficción– ejerce un poder sobrenatural sobre aquel que sostiene su libro en las manos. Aunque el escritor proponga un universo totalmente irreal, si los personajes que él ha creado se rigen por unas normas coherentes, el lector las aceptará tal y como son, las hará suyas y se sumergirá en ese mundo como si fuera uno de los protagonistas.  

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El final del Ave Fénix, Marta Querol

  

 

Por Desirée Clari Abzueta

 

 El final del Ave Fénix es un libro que te engancha, interesante y entretenido. Lo que más me ha gustado es lo dinámico que es, su ritmo y fácil lectura, lo que hace que se disfrute en cada minuto que le dedicas. Destacaría la forma de ir presentando a los personajes uno a uno, para al final, confluir y ceñirse sólo en Elena, la protagonista de esta estupenda novela. A través de sus páginas, vamos sintiendo el amor y el odio de sus protagonistas a los que acabas conociendo y previendo su siguiente actitud o forma de pensar. Por esta razón, pienso que también contiene interés sociológico atemporal, y el logro de poder identificarte con una mujer del “siglo pasado” y darte cuenta de que los problemas matrimoniales son los mismos ahora que hace un siglo: la importancia del respeto hacia tu cónyuge.

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En un rincón del alma, Antonia Corrales

Por Marta Querol

Esperaba el libro con tanta ilusión, que cuando llegó me emocioné. Intuía que iba a ser una experiencia inolvidable y no me equivoqué. El problema es que cuando lees algo así, luego se hace muy difícil escribir unas líneas que estén a la altura de lo que te hizo sentir.Porque hay libros que tienen palabras, y libros que tienen vida. Y este es el caso de “En un rincón del alma”.

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by Dr. Radut