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Séneca, el camino del sabio, de Fernando Lillo

Autor: 
Fernando Lillo
Género: 
Novela
Tema: 
Histórica
Calificación: 
5

Por A. Andrés, escritora y poeta

 



Séneca, el camino del sabio

En esa paradoja que es el tiempo, que convierte en intrascendentes las más abyectas de las debilidades humanas sufridas a lo largo de la Historia y ensalza el sedimento de aquello que acaba siendo trascendente y universal; en esa contraposición inevitable que se establece en el andar por la vida, nos encontramos con las enseñanzas resultantes de los actos, hechos y palabras de los grandes sabios de la Humanidad y de los no tan sabios; unos maestros que no siempre fueron fieles a sus proclamas, no por cobardía ni por negligencia ni tan siquiera por hipocresía, sino por puro instinto de supervivencia en las épocas convulsas en que les tocó vivir y en las que demostraron ser sabios por cautelosos, como bien corresponde a lo que representan, sin dejar de ser humanos con sus defectos y debilidades.

Este es el caso del filósofo cordobés Lucius Annæus Seneca y sus constantes luchas interiores frente a sí mismo y a su época, que el escritor valenciano Fernando Lillo nos refleja con sutil sagacidad en su libro Séneca, el camino del sabio.

La obra comienza en los últimos momentos de la vida del filósofo, cuando, habiendo sido acusado de participar en la conjura de Pisón contra Nerón, recibe la misiva que notifica su sentencia de muerte. Rodeado de su familia, hace un examen de conciencia recordando toda su existencia y le pide a su amigo Estacio que le ayude a suicidarse. Mientras por sus venas abiertas escapa lentamente su vida, Séneca nos adentra en sus propios recuerdos: un hombre, con sus virtudes y defectos; un ser humano con sus debilidades; un filósofo con su pensamiento; un anciano con su sabiduría...

Así se nos muestra Séneca en esta obra, a la par que nos relata en primera persona acontecimientos históricos que van conformando esa red de hechos y pensamientos a los que él representó en su día y muchos siglos después: la corriente del estoicismo y el camino hacia la sabiduría tal como él la entendió y pese a no ser siempre fiel súbdito de ella. El sufrimiento del destierro, la resignación y la prudencia fueron sus armas para defender lo que él consideró como principios inmutables hacia el camino de la sabiduría y la felicidad: la ética, la naturaleza y la razón como tres pilares donde sustentar la vida frente al rechazo de lo material. Sin embargo, Séneca sabía que la renuncia a lo material le quitaría poder, y sin él sería vulnerable su derecho a predicar su doctrina, así pues no siempre vivió como escribió, siendo acusado por ello.

Ya en la última etapa de su vida, se entrega a sus estudios renunciando a sus bienes ante Nerón y dejando su legado de pensamiento en sus escritos, que han llegado hasta hoy.

Descubrimos también alguna pincelada de su infancia y la influencia de su madre, sus amores imposibles, sus padecimientos con los príncipes oscuros, las intrigas de la corte y el destierro que amargó una parte de su existencia marcándola para siempre. La vuelta a Roma y su prudencia para la educación de Nerón y, por último, la acusación en la conjura de Pisón, que lo llevó a la muerte por propia voluntad adelantándose a la sentencia firmada por Nerón.


Juzgar con la cortina de humo que pone el tiempo transcurrido, no sólo es peligroso, sino injusto y no pocas veces engañoso, pues en la mentalidad de aquel tiempo no cabe la nuestra ni la nuestra en la de aquel tiempo. La hipocresía no era tal, sino que se vuelve entonces un escudo de prudencia donde cobijarse de las maledicencias, intrigas y envidias que son la antesala de una muerte más que segura en una época en que la vida de un hombre como él estaba supeditada al poder y la ambición de terceros si se interponía entre los intereses de ciertos personajes.


El logro de esta obra es haber conseguido dar una imagen lo suficientemente cerca de la realidad que debió ser y lo suficientemente lejos de la idealización del personaje como para ser creíble y a la par enseñarnos que su vida no fue fácil, pese a disfrutar de comodidades y lujo en una sociedad llena de trampas e intrigas, donde la vida humana era muchas veces despreciada  si por medio había ambiciones desmedidas, soberbia o cualquier otro motivo que afectara a la frágil naturaleza humana en ese estado medio salvaje en el que se encontraba entonces y en donde, con más pena que gloria, los filósofos y pensadores de entonces intentaban encontrar el equilibrio, el camino que lleva a ser sabio y ecuánime a pesar de sus circunstancias.

 

Pareciera que hoy todavía estamos en aquella época, pero las convulsiones de hoy pasan por otros caminos, aunque igual de perdidos que entonces y no pocas veces con filósofos de pacotilla o pseudofilósofos. Menos mal que nos quedan esos textos del pasado, y en estas obras del presente quedan reflejados para que nosotros podamos beber de estas fuentes de inacabable sabiduría para la vida. Fernando Lillo nos acerca a ellos al final de la obra, incorporando fragmentos de varios de esos escritos de Séneca. Esa es la gran virtud que le encuentro a esta obra, el placer de sentir que las personas pueden llegar a encontrar su camino a través de ese camino del sabio a poco que se esfuercen, y que no es necesario ser un semidios para lograrlo, basta con poner empeño e intentar ser un poco mejor cada día.

 

Estructura y lenguaje

 

Hecho de menos un poco de ambientación y más escenas "novelescas". Pienso que hubiera ganado con algo más de detalles en este sentido.

 

En mi opinión, podría haber mejorado la obra y trasmitir el mensaje mostrando al lector con pequeños detalles en vez de justificar o explicar sus actos (algo que le da cierto "regusto" a ensayo en vez de a novela, aunque lo salve el estar escrito en primera persona), de esta forma, se induce a la imaginación y a su capacidad de deducción para sacar sus propias conclusiones sobre el personaje, ganando en amenidad.

 

Aún así, es una historia donde el trasfondo del contenido supera a la estructura y logra salvarla por su profundidad y rigurosidad en cuanto al elemento histórico que trasmite, que no impide ser también ficticio al mismo tiempo.

Ver ficha en La casa del libro:

 

 

 

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resena | by Dr. Radut