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La metáfora, libertadora del lenguaje

 

 

Por Stelmarch (A. Andrés), narradora y poeta

En mi pobre vida, tan vulgar y tranquila, las frases son aventuras y no recojo otras flores que las metáforas.

G. Flaubert

 

 

Una de las figuras más interesantes de la lengua es la metáfora. Sobre ella Vattino nos comenta: "la imposibilidad de salir de la precomprensión que tenemos ya siempre del mundo y de los significados [...] constituye nuestra posibilidad misma de encontrar el mundo. El conocimiento no es un ir del sujeto hacia un "objeto" simplemente presente o, viceversa, la interiorización de un objeto (originariamente separado) por parte de un sujeto originariamente vacío. El conocimiento es más bien la articulación de una comprensión originaria en la cual las cosas están ya descubiertas. Esta articulación se llama interpretación". (Vattimo, 1998: 34)

Partiendo de esta explicación, pero dejando un poco al margen los postulados puramente lingüísticos o semánticos que ofrecen una visión academicista, a veces fría y árida, desprovista de todo su alcance en un plano más elevado del conocimiento humano que tiene su expresión en otras disciplinas del saber, considero la metáfora como algo vivo, mutable, que nos lleva a desarrollar nuestra percepción del mundo desde puntos de vista diferentes, bien sea estéticos o filosóficos, y nos transporta a ese lugar individual donde uno se coloca para desentrañar el existir, darle un significado distinto que enriquece el espíritu y que no deja de ser real, ya que en la metáfora subyace el icono que representa y se convierte en una interpretación de una misma realidad.

 

Así, desde esta perspectiva, la metáfora se nos revela irremisiblemente como instrumento filosófico del lenguaje, más que como mero recurso lingüístico, y se adhiere a nuestra educación lingüística permitiendo la elevación del espíritu. Si nos adentramos en el mundo de la literatura, en el plano que mejor se desenvuelve, la poesía, vemos claramente su utilidad filosófica. En el pasado fue la poesía la primigenia herramienta para la filosofía a través de la metáfora que iluminaba al poeta-filósofo, y también son numerosos los filósofos que la han utilizado para la explicación de sus postulados. Ya en la Grecia Clásica era común que los grandes oradores recurrieran a ella con frecuencia por su gran poder lingüístico y comunicativo. Pero ese mismo poder podía ser utilizado al antojo del orador, porque también la metáfora puede utilizarse peligrosamente, representando sofismas o falsedades con fines menos nobles que los que aquí quiero considerar. Sin menospreciar la metáfora como medio de expresión oral, lo que me interesa comentar es su poder filosófico-literario para expresar una verdad-realidad a través de un texto.

Volviendo a la poesía, el poeta trasciende la realidad para indagar nuevas formas de vivir la experiencia psíquica y la metáfora se convierte en esa herramienta recreadora que permite acercarse a la esencia de las cosas elevando la realidad a un nivel de abstracción que conjuga psiquis y espíritu, enriqueciendo interiormente al ser humano, al mismo tiempo que deleita sus sentidos. En la metáfora, el lenguaje se libera de su propio valor semántico, y a la vez, alcanza una nueva dimensión a través de la refinada sensibilidad del poeta libertador. La experiencia humana adquiere formas caleidoscópicas que juegan con la percepción espiritual y psíquica, dándonos la posibilidad de apreciar nuevos matices en un juego de luz y sombras semánticas de auténtica y reveladora sapiencia trascendental, como ese "recoger flores" de que nos hablaba Flaubert.

(Publicado en la colección "Algo que decir", volumen XII, por la editorial del Ateneo Blasco Ibáñez.)

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articulo | by Dr. Radut