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El día menos pensado, Alberto Gimeno

Autor: 
Alberto Gimeno
Género: 
Novela
Tema: 
Drama
Editorial: 
Alrevés
Calificación: 
5

Por Amparo Andrés M.

Premio de la crítica literaria valenciana en 2013

 

La historia

Mario y su familia se ven en la tesitura existencial de cuidar a una madre y una tía que padecen alzheimer y en esta lucha diaria contra lo que significa ver cómo la identidad de unos  seres queridos se desintegra poco a poco, no pueden sino ser parte del drama, hacerse con un papel en el que resistir, sin demasiado coste emocional, todo el peso que conlleva algo que escapa a nuestro control, con sus luces y sombras, recorriendo en cada episodio narrado sus aspectos más hilarantes y los más crudos.

Entre reflexiones sobre la vida y la muerte, sobre el pasado y el futuro de unas vidas, de su sentido, de todas aquellas cosas por las que uno se pregunta sin obtener respuesta durante

sus devenires; sobre el espanto y la gloria que es a la vez estar vivo, sobre las certezas que encontramos alrededor de las inevitables tragedias humanas, va desfilando la vida de los personajes y los pequeños dramas cotidianos que ocurren a miles de estos enfermos.

Todo se nos va relatando conducido por una prosa veraz y cristalina que no duda en recurrir a la poesía como síntesis de esas vivencias tan poco poéticas, como luz que alumbra la vida para no caer en sus sombrías trampas. Toda una lucha por mantener intacta la dignidad y el amor de una familia y un hijo por su madre y su tía, a pesar de sentimientos enfrentados y contradictorios, y esa sensación de culpa que suele acompañarlos; a pesar de momentos de rendición y desesperanza.

Con humor a veces, otras con desesperanza, se nos muestra esa esencia de una supervivencia que se construye en la paradoja, cuando todo alrededor se desmorona por fin y tú eres el único vínculo de realidad con un ser que ya se fue, pero está. Y todo desde el único modo posible de soportarlo que es la fuerza subyacente del amor filial incrustado en el fondo del corazón.

Estructura

El libro está estructurado en cinco capítulos que el autor ha querido dedicar al poeta César Simón. De esta forma, cada capítulo es titulado por un libro de este poeta:

Extravío

Pedregal

Erosión

Precisión de una sombra

Estupor final

En cada uno de ellos se nos muestra un momento distinto de la enfermedad de las protagonistas. Asistimos al declive inexorable de dos seres humanos que se van convirtiendo en sombra de lo que fueron, de todas las consecuencias y las distintas formas en que la familia va a ir sobrellevando la tragedia.

Es una novela dinámica que me recuerda a la de la novela medieval Libro de buen amor, por su forma de suceder episódica que se adereza con guiños a la poesía de César Simón o Rilke, fragmentos que Alberto logra engarzar de forma magistral para darle ese efecto de síntesis a la reflexión que propone, a la idea que se deja vislumbrar en cada narración, como un broche de oro que completa el cuadro reflejado y que permite salvarse de la indefensión del espanto.

La poesía como forma de belleza ante la crudeza de la vida, trascendiéndola y dándole forma a los pocos espirituales momentos de realidad infame. La poesía como elemento de fuga, de planteamientos que van más allá de lo físico, de lo corpóreo, y nos permiten esa función conciliadora tan necesaria con nosotros mismos para sobrellevar algo tan duro como es la pérdida gradual de un ser querido. La poesía como redención de la vida. El lenguaje poético, la intertextualidad en una obra que cuenta más que una historia viva, que pretende ahondar en los inescrutables misterios de la vida humana, de ese estupor que sobreviene en un silencio que bien podría ser metáfora de en lo que convertimos la vida. Ese estar muerto en vida que se representa en la figura de Tula en el capítulo cuarto.

Pero Alberto también introduce el contrapunto. La inclusión de su alter ego en una vida laboral anodina que también salva, que también alivia y da a la novela un dramatismo más suavizado, más asequible en el tránsito.

En definitiva, un viaje bello y profundo por el deterioro que supone el vivir y el cómo salir indemne de lo que no puedes huir.

A continuación uno de los poemas de César Simón incluidos en el libro:

Regreso en el trenet

Suave
la noche.
Blanca
la espuma, a flor
de labios. Tu cabeza
tronchada, cómo pende
del hombro.

Noche. Las estaciones
del trenecillo suburbano.
Acacias, bugambilias,
nísperos, tras de verjas, los caminos
entre acequias corruptas, de aguas negras
y brillantes. Bultos de moreras,
ásperas cañas de maíz
en dirección al mar. La Malvarrosa.
Ancho vagón de polvo y papelillos.
Cierras los ojos. Sientes
tu cuerpo joven, derrumbado, quieto,
pero germinativo y oloroso
como el estiércol. Sientes
cómo viene el azahar de oscuras fuentes,
cómo se emboscan las barracas
-girasoles, higueras-,
cómo ladran los perros a distancia,
cómo canta la vida desde el fondo
del barro.

Ya viene el mar, ya hueles
su frescor y su sal, su oscura mole
fragorosa. Ya caminas, ya sigues
al lado de las tapias. La Cadena,
el manantial de Sellarim, jardines
rotos, perdidos, de azulejos,
de fuentes y de bancos de azulejos.

Estrellas. Lejos los silbidos
del tren. Oh madreselva,
verdad, oh dispersión confusa,
aquí amaron tal vez -ficus enormes-,
aquí venían en calesa -blancos trajes
de seda cruda, gasas y sombreros
al viento, al mar-, aquí tomaron
zarzaparrilla, helados. Aquí urdieron
entrevistas nocturnas. Tantas cosas
que ignoras, tantos nombres
que ignoras, tanta dicha,
tanta pasión, que tú nunca sabrás.
Y ahora estos jardines
que pasaron de moda, estos solares,
estos faroles rotos, estas tapias
de bambú, de jazmines, de mojadas
pasioneras.

Oh noche, cómo es frágil
tu paso, cómo es joven
tu ropa descolgada y polvorienta;
cómo están secas estas manos
vacías, que te duelen, entre tanta
facilidad. Mas cómo es grande y pura
la ligereza, el temple con que bebes
lo que te dan: la vida misteriosa,
la densidad oscura, informe, vaga;
este total, lejano desvarío
de tus pasos, en medio del perfume
de los huertos, este ir a casa mudo,
prieto, febril, dichoso, ebrio de muerte.

( Cesar Simón. De "Pedregal" 1964 - 1968)

 

Y un fragmento de la novela que conjuga descripción con poesía con gran maestría y belleza:

"Un hospital. El ancla en el fondo de un hueco que nos persigue. La industria del dolor. Un camuflaje en cada risa. El tumulto callado de los enfermos. La mansa y pasmada expresión de quienes se han acostumbrado a reconocerse por los pasillos. La incesante variedad del mismo acatamiento. Una diálisis mental que no termina de lavar la idea fija de ser otro. La apoteosis del eufemismo. Una metódica profanación del ego. El consuelo de desaparecer. Las noches en que no hay otra ambición que claudicar. Las máscaras de la paciencia. Escuchar: “El pañal priva a la defecación de toda su ceremonia”. Sufrir en silencio el éxtasis de quienes nos describen lo consabido. Las magulladuras de la piedad. La textura incipiente del despojo. Estar por una vez de acuerdo: “a los médicos los miramos unidos a su pedestal”. El apogeo de la rendición. El cáncer de lo evidente. Enterrar y callar. Los paliativos de la conciencia. ¡Bienvenidos al país de siempre jamás! Las hordas de los domingos. Reírse: “Buenos días, estoy esperando a mi madre, que llega con la nueva camada de meonas”. Los señuelos de vida que vienen humeando sobre las bandejas. El aliento de la carroña. El timbre. Los dedos. El desasosiego de los dedos sobre el timbre. El desenfreno de aceptar que todo tiene su fin. Escuchar sin responder: “Las panchitas son mejores cuidadoras; no necesitan adaptarse a la degradación pues han nacido con ella”. Esa sombra que llora. Las horas como viruta. Un talador del sueño en cada cama. Una requisa constante de lo que aún perdura. Cuánta tácita humillación a la espera. Los gritos sin ubicar. Las quejas, los murmullos, las plegarias sin rostro. El cálculo iracundo de las horas que pasan riendo las enfermeras. Esas enfermeras dándote un sobre de galletas a escondidas. Comerlas a oscuras mientras sigues oyendo reír a las enfermeras. Una eufórica ilusión de eutanasia. La fortaleza de la propia cobardía. El remordimiento de haber sacado del escondite la ocultación pactada. Acostumbrarse a reír lloriqueando. El cauce moroso y turbio de las verdades que se escapan. La almohada húmeda de lágrimas. Aventurarse en la mente al escuchar: “¿Y no será eso del alzheimer una forma de posesión de los extraterrestres...? ” Las miradas furtivas en los ascensores. Levantar los párpados a la fuerza, desde dentro. El clamor de la espera. El silencio fraternal del miedo. La desactivación de decidir. El azote del desvelo. La radio que envilece el silencio. La luz sin clemencia de los pasillos. El feudo de la succión. Un dormir que es también fatiga. .Despertarse de lado, a la contra, entero, a medias, por porciones. Estar de pie como un puñetazo sin destino. La mañana. Marcharse y regresar en el mismo pestañeo. Decir sí a todo sin darse cuenta. El canje de revistas y suspiros. El código que establecen los goteros. La jerarquía de las sondas. Orinar silbando tercamente. Reincidir en el alivio del mañana. Sobre la cama alguien, aún gallardo, aún enérgico: “ Ya ves: se apaga uno”. Desde el umbral de la puerta, de un anciano a otro: “Ja, ja, cuando un pobre come merluza, uno de los dos está malo”. El descrédito de la carne humana. El vivo que sobra. Dar por bueno que sin dolor no hay recompensa. La frecuencia que termina siendo olvido. El tóxico de lo irreversible. Recibir simultáneamente la dádiva y su coste. Psicodramas en las sábanas blancas. Porfiar para que entre en razón quien nos priva de ella. Un cielo de cinco minutos antes de la tormenta. Morder con la boca cerrada. Poner a remojo el orgullo como una dentadura postiza en el vaso de agua. Un túnel a campo abierto. El flagelo de los sobresaltos. El rito de ir encajando dentro del marco del espejo. Las flatulencias que se escapan como agua por el aliviadero de una presa. Sonreír sin querer: “Esa ya puede morirse tranquila: ha conseguido que vengan a verla todos sus hijos en silla de ruedas”. Notar cómo te inyectan calma y desesperación con la misma aguja. El elixir de la excusa constante. El desquite de la realidad en los quirófanos. Los besos con cautela. El guiño entre camas. De un moribundo a otro el cruce de guiños frente al culo de la enfermera. De un paciente a otro la luz, otra luz de pronto. Otra luz de pronto en la habitación. Otro fulgor a través de los cristales. En el cielo otra luz y otros colores. Y un estallido que se impone al de las toses y las quejas. Y yo miro al cielo y me incorporo del asiento. Y mi tía me llama y no le presto atención. Y me acerco a la ventana. Y encuentro a otros que, como yo, se han apartado de su puesto. Y contemplamos el cielo dividido en porciones de destellos. Y los fuegos de artificio se suceden como olas que saltamos con los ojos. Y los enfermos alzan sus cabezas de la cama. Y se alborozan y murmuran en torno al centro de nuestros cuerpos. Y preguntan qué se ve, qué vemos. Y ensanchamos nuestro círculo frente a la ventana. Y los yacientes se admiran y reclaman más separación entre nosotros. Y unas enfermeras acuden y se callan a nuestra espalda. Y todos nos quedamos en silencio, cada uno prendido a su sonrisa, cada cual buscando su cobijo en esa carcasa y en aquella otra y otra más que alcanza a iluminar los dientes al descubierto de mi tía."

 

Sobre el autor:

Alberto Gimeno nació en Valencia. Es licenciado en Filología Hispánica.

Ha publicado poesía (Ascensión de la quimera, Valencia) y traducción (El barco de la muerte de D.H. Lawrence, (Madrid).
Ha ejercido la crítica literaria y el ensayo, entre otros medios, en La Vanguardia, el Viejo Topo y Archipiélago.
           En 2003 obtuvo el premio de narrativa “Blasco Ibáñez” por la novela La Sagrada Familia, escrita en colaboración con César Gavela. Esta novela fue publicada por la editorial Algar (Valencia) en 2004.

           En 2009 publicó la novela “Hotel Dorado” -en torno a los inquilinos de la la inmortal  "13, Rue del Percebe-  (Saymon ediciones.  Barcelona
        

Su último libro aparecido se trata de  "El día menos pensado" (Alrevés Editorial. Barcelona 2012)" que obtuvo el Premio de la Crítica Valenciana.

 

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resena | by Dr. Radut