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La Figura de Cervantes

La figura de Cervantes ha cautivado y fascinado durante siglos a muchos estudiosos, siendo, su obra magna “El Quijote”, razón y devoción en numerosas disciplinas humanísticas. Si ahondamos en su vida, y aún teniendo presente que hay algunos períodos donde todo es borroso y oscuro, nos damos cuenta de que la gran cantidad de experiencias diferentes, junto con la época de mezcolanza de culturas en la que vivió y que, sin duda, ayudó a forjar su variopinto bagaje ideológico, tuvo que ser necesariamente reflejada en “El Quijote”. Pero... ¿quién era Cervantes?

Parece ser que Cervantes, al principio de su vida, fue realmente ese soñador idealista y tradicionalista que fue su personaje, seguidor de unos valores tradicionales que se aferraban a una clase que había perdido muchos privilegios, la nobleza, y que aún sobrevivían en la mentalidad de entonces, sin embargo, su marcha y experiencia en Italia, donde se fraguaba una nueva concepción de la vida, el Renacimiento, iba a dejar una impronta que posteriormente se desarrollaría en nuestro aguerrido soldado. Así, se alistó y luchó como buen soldado por su patria, perdió su mano en la batalla de Lepanto, y cuando regresaba, por fin, a España, fue apresado por los piratas bereberes cerca de la costa de Cataluña, pasando cinco años en cautiverio en Argel, donde intentó varias veces fugarse sin conseguirlo. Se dice que allí fue un líder y que antepuso su nobleza a su bienestar, evitando que culpasen a otros cautivos del intento de fuga cuando fue descubierto. Allí, seguramente, tuvo mucho tiempo para pensar y plantearse su propia vida, revisando conceptos y empezando a germinar la semilla que había engendrado en Italia. Después de ser liberado por unos monjes y siguiendo sus ideales de nobleza y servicio, solicitó a la Corte ser trasladado a las recién descubiertas Américas, pero sólo le enviaron a Portugal, donde desarrolló una breve misión de Estado, y después fue destinado a Sevilla como recaudador de impuestos para financiar la Armada Invencible. En Sevilla fue víctima de varios complots que lo tuvieron preso durante algún tiempo, tras ser acusado de robar parte de los bienes que recaudaba.
Después de vivir la realidad ya no como soldado, sino como ciudadano de a pie, junto con todas sus experiencias y vivencias, se fue gestando posiblemente una nueva forma de entender la vida más pragmática, lejos y al margen ya del idealismo caballeresco de juventud y más cercano a los nuevos ideales humanistas del Renacimiento. Va a ser en este caldo de cultivo donde se cocerán todas sus obras, especialmente El Quijote, que abarcaría toda la grandeza de su espíritu transformado.
Por todo ello, sería un error pensar que esta obra es únicamente fruto de una burla a un determinado modelo de literatura, pues en ella se concentran demasiados elementos de índole más profunda que la sola pretensión burlesca, y esto es palpable por poco que nos adentremos en el alma cervantina y en su vivir, como hemos visto.
De esta forma, vemos que, por un lado, él se tomaba muy en serio las cosas del honor caballeresco, tanto que la primera mitad de su vida la dedicó a ser una especie de caballero andante adaptado a su época, con un fuerte sentido de vasallaje a su rey, a quien a su muerte, dedicó un poema; y por otro, también comprobamos que no es por ese camino por donde él encontró su realización, sino al contrario, tuvo en su quehacer injusticias y sinsabores que lo llevaron incluso a estar varias veces cautivo, de un lado y de otro, y quizás fueron estas trabas que le puso el destino en su tortuoso camino, las que fueron determinantes para que, en más avanzada edad, tomara el sendero correcto por el que se salvaría de sí mismo y del

mundo injusto, es decir, la literatura en su máxima expresión como redentora y culminadora de un vivir agitado por el devenir del destino, exorcizándose a sí mismo a través de su obra El Quijote.
En toda esa amalgama de historias con las que Cervantes anda jugando en su obra, se esconde la amalgama de la vida misma, es decir, el autor quiso hacer ese conglomerado precisamente para enseñarnos como unos valores determinados basados en intereses obsoletos a la luz de la nueva mentalidad, son capaces de marcar la vida de unas personas, haciéndolas desgraciadas y contraponiendo los valores más mundanos y humanos de la gente sencilla, representada en Sancho, que sí sabría disfrutar de la vida sin las complicaciones del idealismo exacerbado y los valores de la hidalguía.
En conclusión, atendiendo a la vida de su autor, podría pensarse que Cervantes no quisiera en realidad exaltar la locura como libertad, ni hacer una parodia de los libros de caballerías, sino precisamente lo contrario. El retrato irónico del idealista que lucha contra la injusticia del mundo, con unos valores que se apartan de la realidad peligrosamente y que mantiene al hombre esclavizado de tal forma que nunca llega a disfrutar de la vida, pues ésta solo le reserva sinsabores, mientras que la figura de Sancho encarnaría la cara opuesta de la moneda, la sustitución de ideales exacerbados por otros de corte más humanista como una nueva forma de vivir la libertad.

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page | by Dr. Radut